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Tesina: “El renacimiento del intelectual en la política: El caso de UPyD”

El renacimiento del intelectual en la política: El caso de UPyD
Concepción Sacristán Sánchez

Resumen y conclusiones

RESUMEN
La muerte del intelectual en política, mundialmente certificada en los años 80 aunque en España, por sus especiales circunstancias históricas, se verifique unos años más tarde, ha sido un paso transitorio a un renacimiento de su figura que, por la crisis de valores, se hace cada vez más necesario. Apuestas por la  elevancia de esta figura pública como son Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía o Unión Progreso y Democracia y sus buenos resultados a pesar del
silencio mediático, parecen demostrar que tal es el caso.

CONCLUSIONES
Esta tesina de master ha pretendido abordar el tema de “El Renacimiento del intelectual en política. El caso de Unión Progreso y Democracia” a partir del estudio del asunto en tres niveles.

El primer aspecto ha sido el de analizar el debate bibliográfico sobre el término intelectual y su significación, tratando de hallar, para la situación actual, un término que supere los de “intelectual intachable” o “intelectual comprometido” que han quedado superados con el cambio de siglo. Han ocurrido demasiadas cosas en el convulso siglo XX que han modificado el papel del que fuera “gran maestro, intelectual universalista, omnisciente, depositario del
sentido de la historia”. El intelectual no es el único protagonista del debate público en las democracias occidentales, existen muchas y nuevas voces, los medios de comunicación de masas han generado nuevos sujetos formadores de opinión, la información es opulenta y los saberes específicos… ¿cuál es el papel del intelectual en este escenario?
Quizá el nuevo concepto acuñado por el profesor Juliá, “intelectual demócrata”, sirva para definir al intelectual de nuestro tiempo, que ya no es oráculo ni guía sino experto.
El “intelectual demócrata” ejerce la crítica en cuestiones específicas que son de su competencia y enriquece el debate público. En un mundo globalizado con
sobreabundancia de información, el intelectual tiene un papel fundamental a la hora de filtrar, cribar y seleccionar lo importante. Esta nueva figura es la que hay que reivindicar para que, según los razonamientos de Václav Havel, nuestro mundo sea mejor.

En segundo lugar, se ha analizado la figura de los intelectuales y su protagonismo en la historia contemporánea de España, desde la acuñación misma del término en 1898 hasta sus más recientes intervenciones en la vida política de nuestro país.
Hay que destacar que los grandes hitos de la historia española del siglo XX han estado protagonizados por intelectuales de altísimo nivel y competencia. Hubo intelectuales acompañando, si no protagonizando, la caída de la monarquía de Alfonso XIII y la llegada de la II República. Los hubo en el exilio constituyendo la llamada “España peregrina” y también dentro de nuestras fronteras ora apoyando y justificando ideológicamente el nuevo régimen ora fomentando la normalización de la situación política y de la vida pública. Los intelectuales, en sus distintas corrientes ideológicas, juegan un papel muy activo en la llegada de la democracia, están presentes en la redacción del nuevo texto constitucional y en la consolidación de la transición.

A la pregunta de dónde está el intelectual hoy cabe responder que el nuevo intelectual sigue presente en el debate público pero ya no protagoniza, como hiciera antes, la vida política…. ¿pero es esto cierto?. Esta pregunta nos conduce al tercero de los puntos que he tratado de abordar y analizar en este trabajo, el de Unión Progreso y Democracia, pues han sido un grupo de intelectuales y de ciudadanos comprometidos los que se han lanzado a la
“aventura” de fundar este nuevo partido político.

En primer lugar hay que señalar que, a pesar de la internacional certificación de la muerte del intelectual, para el caso español hay que destacar que éste ha seguido participando en el debate público desde las tribunas que le son naturales – fundamentalmente la prensa- pero que se ha abstenido conscientemente de participar de manera directa en política como hiciera durante la transición. Esta “desafección” del intelectual se ha verificado en relación con la práctica política y la política de partidos pero no en relación con el debate público. No obstante, considero que el surgimiento de iniciativas políticas como la de
Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía o la de Unión Progreso y Democracia, pueden ser indicativas de un cierto reenfoque de la actitud del intelectual español. Hay una nueva toma de conciencia por parte de éste: en unas circunstancias políticas y sociales caracterizadas por la crisis de valores, el ínfimo nivel del debate político y la irrupción en el debate público de una serie de temas cruciales -la conformación del Estado, el tema lingüístico o los derechos civiles- el intelectual se ha visto forzado a dar un paso más allá de la crítica para animarse a fundar partidos políticos.

Sin embargo, acepto y subrayo que esta nueva toma de conciencia no supone para los intelectuales un giro copernicano en su acción ni un cambio de paradigma en su comportamiento; pues, si bien fundan partidos, son muchos menos los casos de aquellos que deciden ir en las listas electorales como candidatos u ocupar puestos de gestión en los partidos. Los intelectuales, que han estado en el surgimiento de estos partidos y que antes participaron activamente en los movimientos o iniciativas cívicas que les sirven de embriones, siguen ejerciendo el papel tradicional de lanzar nuevas ideas, nuevos conceptos, en definitiva, de llenar de contenido el debate público y llevar a cabo una crítica feroz a las presentes realidades. En ese sentido, el actual intelectual español se mantiene pegado al tradicional papel de intelectual, esto es criticar; pero ante unas circunstancias políticas y sociales especiales, decide fundar partidos políticos, cosa que no ocurría desde los años 30 del pasado siglo.

No pretendo con esto afirmar, ni remotamente, que las circunstancias presentes se asemejen al colapso del régimen monárquico en 1931 o a la crisis de la II República. Tampoco tengo la osadía de comparar el partido de la Agrupación al Servicio de la República, fundado por Ortega y Gasset y con una ingente nómina de intelectuales en sus filas, con Unión Progreso y Democracia. Lo que sí quisiera destacar es que el intelectual español se ha caracterizado por una presencia constante en el debate público y una presencia cíclica en la acción política.

En la España de la primera década del siglo XXI confluyen una serie de circunstancias que reclaman del intelectual una presencia más activa y más participativa.
Soy de la opinión de que Unión Progreso y Democracia, sin ser un partido de intelectuales como ha sido calificado por algún medio de comunicación internacional, ha nacido con un programa rico en ideas y propuestas, con un potente discurso que ha sido proporcionado por reputados intelectuales y con un sólido armazón intelectual que suponen para el votante un soplo de aire fresco. Las perspectivas de Unión Progreso y Democracia son optimistas y, tal y como
establecen sus Estatutos, celebra próximamente su primer congreso que tendrá lugar en Madrid entre los días 20 y 22 de noviembre del presente año. Es su principal objetivo superar la estructura transitoria de funcionamiento que ha mantenido el partido durante estos dos años para constituir un nuevo sistema de organización que será aprobado en el mencionado congreso.

Hablaba un reputado intelectual y profesor del “acelerado descenso hacia la nada que sufren los debates políticos en la España del siglo XXI”. Quizá Unión Progreso y Democracia sirva, con sus intelectuales y con sus ciudadanos comprometidos, para subir el nivel del debate público.

“Mientras los humanos sigamos creyendo que la esperanza no es una palabra fútil, los intelectuales no dejarán de ser útiles en todas las sociedades”
Ramin Jahanbegloo

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